Cristianismo, Budismo y Taoísmo para alcanzar la Salud

Escrito por Víctor Fernández Casanova el . Publicado en Artículos

Las religiones han marcado la historia de la humanidad. Desde que el hombre tiene conciencia de si mismo, se ha cuestionado siempre el motivo de su existencia y ha buscado respuestas, allí donde pudiera encontrarlas.

Por una parte, el miedo existencial a la muerte y la conciencia de la propia desaparición de este mundo, por otro lado, la búsqueda de la felicidad. como contrapartida al sufrimiento, que es inherente a la propia existencia, han dado lugar a que aparecieran cientos de corrientes filosófico religiosas, que de una u otra manera han tratado de acercar a los seres humanos a su espiritualidad, a Dios.

La religión, sigue siendo una parte importante de la vida de casi el 75% de la población mundial. Ha sido y es, la única manera de inculcar los valores tradicionales como el amor, la compasión, el respeto por los semejantes, la honradez y demás normas sociales, que son imprescindibles para poder vivir en sociedad, con un nivel más o menos alto de armonía y tranquilidad. Vemos que en los países tercermundistas, las religiones controlan a millones de personas y un líder religioso es capaz de arrastrar a las masas.

En lugares como la India, Tibet y China, vemos como las corrientes religioso filosóficas más importantes, son el budismo y el taoísmo. Como consecuencia de ello, tenemos a una gran población que viven en condiciones de extrema pobreza, pero sin embargo, sus ojos brillan con una luz especial, que nosotros, los afortunados habitantes del lado rico del mundo, desconocemos.

¿Qué es lo que sucede? ¿Como es posible que alguien que no tiene nada, que pasa hambre, frío y muerte, tenga esa aparente felicidad y tranquilidad interior? Si miramos hacia atrás en el tiempo, podemos ver esa misma tranquilidad en los antiguos cristianos, que morían sacrificados en los circos romanos. ¿De donde proviene esa paz interior?

Cada religión, aporta un alimento especial y necesario para nuestra alma. Nosotros como occidentales, hemos sido educados generalmente en la religión cristiana. Los orientales en el budismo y el taoísmo principalmente, aunque hay cientos de religiones mas. Sin embargo, mientras que en oriente, sus religiones siguen marcando el rumbo de su historia y forman parte vital de su vida diaria, en occidente nos hemos modernizado tanto, que hemos olvidado nuestra espiritualidad. Incluso en las escuelas, la asignatura de religión ha desaparecido, de tal manera que los jóvenes no podrán adquirir valores morales de corazón, si no que tan solo absorberán datos científicos, como si fueran un ordenador de carne y hueso. No queremos creer que pueda existir nada que no se pueda comprobar en el laboratorio. Estamos jugando a ser Dios, decidiendo lo que puede existir de verdad y lo que es pura ficción.

La consecuencia de ello, está siendo una epidemia mundial de infelicidad, aumento de las crisis emocionales, ansiedad, depresión y enfermedades mentales de origen incierto, sentimientos de insatisfacción vital, a pesar de alcanzar el éxito social, incapacidad para compartir y vivir en sociedad, separaciones, agresividad habitual y un miedo atroz a la muerte.

Trabajamos incansablemente para conseguir un objetivo, pensando que cuando tengamos esa casa mas grande o ese coche que nos gusta, seremos por fin felices, pensamos también que al casarnos con la mujer ideal, alcanzaremos la felicidad, pero al lograr nuestros objetivos, descubrimos que seguimos sintiéndonos mal, así que nos lanzamos a buscar un nuevo objetivo, para dejar de sentir y escuchar nuestro silencio interior.

Llegamos a casa y somos incapaces de estar en silencio, necesitamos poner la televisión porque no nos soportamos a nosotros mismos…y así pasamos los días sin atrevernos a pensar demasiado. Esas son algunas de las consecuencias de estar olvidando nuestra conexión con Dios.

La solución a esta crisis existencial, la tenemos en las religiones, pero con algunos matices importantes, ya que una cosa es la religión en sí, su mensaje original, y otra muy distinta son las organizaciones religiosas, generalmente poderosas entidades con objetivos nada nobles y mucho menos espirituales, que se aprovechan de la espiritualidad para ganar dinero y tener un falso poder.

Es importante desarrollar una filosofía personal de vida, que nos aporte una serie de valores y formas de entender la existencia, ello nos librará del miedo a la muerte y nos volveremos más fuertes ante los devaneos de la vida, y todo esto nos lo ofrecen las diversas religiones a nuestro alcance.

A pesar de que las religiones orientales se están extendiendo en occidente, si las estudiamos un poco, veremos que cada una de ellas nos puede aportar algo diferente pero al mismo tiempo, todas comparten los mismos principios y buscan el mismo objetivo: el retorno a la casa de Dios, descubrir que la felicidad y la paz interior, son cuestiones personales que dependen tan solo de cada uno de nosotros, y que contamos con toda la ayuda que necesitamos para lograrlo y tomar conciencia de que realmente todos somos hermanos.

He mencionado estas tres religiones, por ser las más afines a nosotros al estar familiarizados con ellas, tanto por nuestra cultura cristiana como porque gracias a la práctica del Taichi Chuan y el Qigong, habremos adquirido unas nociones mínimas sobre budismo y taoísmo. En todo caso, de cada una de ellas podemos utilizar aquellas enseñanzas que más nos enriquecen y de las que podemos obtener un beneficio real, sin caer nunca en fanatismos y servilismos medievales, que han quedado obsoletos a día de hoy.

En relación a la compatibilidad de estas tres grandes religiones entre si, opino que las tres lo son completamente, ya que no se contradicen en ningún momento, salvo en la actual negación cristiana, del hecho aceptado por las demás religiones sobre la reencarnación. En todos los demás aspectos no se contradicen y cada una de ellas, nos aporta algo diferente que complementa lo que le falta a las otras.

Por ejemplo ni el budismo ni el taoísmo defienden la idea de la existencia de un Dios omnipotente, un Padre Creador que nos ama como a Hijos, sin embargo el budismo nos ofrece muchas prácticas diferentes, para eliminar las actitudes y creencias negativas y así desarrollar la compasión y el amor incondicional, junto a técnicas de control emocional muy eficaces, además de ofrecernos una amplia visión sobre el proceso de morir y de la muerte misma.

El Taoísmo, nos aportará prácticas para mantener nuestra salud y cultivar la vitalidad, la energía y el espíritu, preparándonos para el encuentro con Dios o para alcanzar la esfera inmortal en esta esfera existencial. El cristianismo va mucho más allá de las simples prácticas y nos ofrece la auténtica liberación, que consiste en el perdón de nuestras faltas por el Padre Creador y la ascensión a los Cielos, en base al cultivo del amor y de la compasión, liberándonos así del miedo a la muerte, e insuflando dosis elevadas de confianza en el destino que nos aguarda a cada uno de nosotros, en la sabiduría de que pase lo que pase, todo acabará bien.

Así pues, se hace necesario o al menos recomendable, añadir a nuestra práctica habitual del Taichi Chuan, el Qigong o lo que sea que practiquemos, un tiempo dedicado a la espiritualidad, bien sea cristiana, budista, taoísta o cualquiera con la que la persona sienta algún tipo de afinidad. Si solo practicamos Taichi Chuan y nos olvidamos de cultivar nuestro espíritu, nos convertiremos en simples cuerpos, hábilmente entrenados, pero dotados de un espíritu pobre, que ha perdido la gran oportunidad de llenarse de la Luz y el Amor que Dios o el Universo nos envía constantemente y que suele permanecer oculto en lo más profundo del Corazón de los humanos.

Como en todo, debemos tomarnos la práctica con tranquilidad, sin extremismos fanáticos que nos llevarían a perdernos y convertirnos en unos personajes, que yo defino como "iluminados". Por mas que queramos, no podemos olvidar nuestras raíces cristianas y nuestra forma de ser occidentales, esto quiere decir que si empezamos a estudiar el budismo, considero absurdo dejar el trabajo, vender el piso, raparse la cabeza, ponerse una túnica y comprarse una pandereta, haciendo reverencias y postraciones delante de las imágenes e ídolos de la religión. La práctica de las postraciones, tenía su sentido en el siglo pasado cuando los monjes no practicaban ningún tipo de ejercicio físico y esto era una manera eficaz de mantener un poco la forma física y entrar en calor, además de para mantener la disciplina y la autoridad de sus superiores.

Para trabajar la humildad, trascender el ego y cultivar la devoción hacia el maestro no es necesario arrastrarse por el suelo cien veces al día. Las diversas religiones, como el budismo, están llenas de rituales, normas y jerarquías que sus miembros deben cumplir estrictamente, pero nosotros como occidentales en busca de respuestas, salvo casos excepcionales, no deberíamos adoptar de forma tan radical sus normas, que son absurdas para nosotros.

Podemos aprender sus métodos de meditación y control emocional, sus enseñanzas sobre la muerte y el acto de morir, incluso tomar refugio y realizar las prácticas necesarias, pero conservando nuestro pelo, manteniendo las relaciones familiares y disfrutando de la vida que Dios nos regala en nuestro lado del mundo. Si observamos a monjes budistas o personas orientales que vienen a occidente y se inician en la práctica de otras religiones, vemos que ellos siguen conservando sus costumbres, visten con sus kimonos tradicionales y los cambios se producen en su interior. Algunos de nosotros al iniciarnos en una práctica cualquiera literalmente "nos disfrazamos" cambiando nuestra personalidad y jugando a ser lo que realmente no somos, tal vez a causa de una delicada falta de madurez y un ego juguetón que nos llevará a caer en un abismo del cual nos resultará muy difícil salir sin ayuda profesional.

Considero importante, para conquistar la lucidez interior y la salud mental-emocional, el adoptar la práctica de alguna religión. Como digo, sin ser radicales, aprendamos y dejémonos mecer en los amorosos lazos, que unen a las personas que tienen en su corazón la fe inquebrantable, que les aleja del miedo al futuro, que les pone en contacto con las más altas esferas de la luz y del amor, haciendo desparecer el sentimiento de soledad y de vacío existencial, dándole un sentido positivo a sus vidas. Así poco a poco avanzaremos juntos, en este Camino de retorno al Origen que es el Tao del que todos somos parte.

Víctor Fernández.
Presidente de la Federación Europea de Reiki Profesional.

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